El Festival de Eurovisión se prepara para una de sus ediciones más tensas y, a la vez, transparentes. Tras la reciente Asamblea General de la UER, donde se rechazó la propuesta de países como España para excluir a Israel, la radiotelevisión pública austríaca (ORF) ha dado un paso al frente anunciando medidas que rompen con años de estricto control editorial.
Adiós a los aplausos pregrabados
Siguiendo la línea técnica de la producción (liderada por el equipo sueco de la SVT), la ORF ha confirmado que en Eurovisión 2026 no se utilizarán recursos como los aplausos artificiales para ocultar el descontento del público. La consigna es clara: si hay abucheos o protestas durante la actuación de Israel, los espectadores en casa los escucharán tal cual ocurren en el recinto.
Stefanie Groiss-Horowitz, directora de programas de la ORF, defendió esta postura señalando que, como medio público, tienen la obligación de ejercer el periodismo incluso en un evento de entretenimiento. “Sabemos clasificar y contextualizar estas situaciones”, afirmó, asegurando que el festival no buscará “maquillar” la realidad de lo que suceda en Viena.
Banderas de Palestina: Un cambio de política
Uno de los aspectos más relevantes y que marca una diferencia radical con ediciones anteriores (como Malmö 2024, donde fueron prohibidas) es que la organización permitirá la presencia de banderas de Palestina en el estadio. Esta apertura busca aliviar la presión sobre el festival, que enfrenta una crisis sin precedentes tras la retirada oficial de países como España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia e Islandia.
Un festival en plena crisis de identidad
La nota de AS destaca que el certamen atraviesa un momento crítico. El gesto de Nemo, quien entregó su trofeo de 2024 como forma de protesta, simboliza el descontento de una comunidad que acusa a la UER de falta de coherencia política.
Aunque la organización evitará amplificar acciones de grupos minoritarios que busquen protagonismo individual, la decisión de permitir banderas y audio real sugiere que la UER ha entendido que la censura técnica ya no es sostenible en el clima político actual.
Fuentes: Reuters / Diario AS