La 70ª edición del Festival de la Canción de Eurovisión, celebrada recientemente en Viena, ha dejado un sabor agridulce en la Unión Europea de Radiodifusión (UER). Aunque el certamen sigue presumiendo de una salud envidiable en plataformas digitales y entre el público más joven, las galas en directo han sufrido un notable bache en sus audiencias televisivas.
Según los datos oficiales publicados por la UER, Eurovisión 2026 acumuló una audiencia de 131 millones de espectadores a lo largo de sus tres espectáculos en vivo (las dos semifinales y la gran final). Esta cifra supone una caída de 35 millones de personas en comparación con la edición de 2025 celebrada en Basilea. Asimismo, la cuota de pantalla (share) media de la gran final descendió un 5%, situándose en un 42,62%.
Las razones detrás del bajón: El peso de la geopolítica y los boicots
Lejos de ser un desinterés casual del público, este desplome de la audiencia lineal tiene nombres y apellidos en el mapa europeo. La propia organización ha reconocido implícitamente el impacto de la política en el festival de este año: televisiones públicas de gran peso como RTVE (España), RTVSLO (Eslovenia) e RTÉ (Irlanda) decidieron boicotear la edición de 2026 y no emitir el festival en señal de protesta por la continuidad de la participación de Israel.
Al no transmitirse el evento en mercados tradicionalmente tan fuertes y masivos como el español, la pérdida de millones de espectadores potenciales en el cómputo global estaba prácticamente asegurada.
A esto se suma que la UER no dispone de las mediciones de audiencia de varios de los países participantes (como Albania, Armenia, Kosovo, Luxemburgo, Malta, Macedonia del Norte y San Marino), lo que suele fragmentar el dato definitivo.
La otra cara de la moneda: Éxito juvenil y un fenómeno imparable en redes
A pesar del golpe en la televisión tradicional, la organización prefiere ver el vaso medio lleno. Martin Green, director del festival, ha destacado que Eurovisión ha dejado de ser un simple “programa de televisión” para convertirse en un fenómeno cultural multiplataforma. Los datos que salvan la edición respaldan este argumento:
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Fidelidad del público joven: El festival sigue arrasando entre los espectadores de 15 a 24 años, logrando un impresionante 54,8% de share en esa franja de edad (un aumento respecto a 2025).
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Arrasando en internet: El contenido oficial del festival en redes sociales generó más de 2.750 millones de visualizaciones.
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Impacto en las listas de éxito: El tema ganador de este año, “Bangaranga”, está cosechando un éxito masivo en las plataformas de streaming musical.
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El voto del “Resto del Mundo”: Espectadores de 148 países no participantes emitieron sus votos en esta edición (dos países más que el año pasado). Curiosamente, a pesar del boicot de sus televisiones públicas, España e Irlanda figuraron entre los mercados internacionales que más votaron a través de la web oficial de forma individual.
Mirando hacia el futuro: El objetivo de 2027
Tanto la UER como la televisión pública austriaca (ORF) defienden el listón alcanzado en Viena, recordando que un 42% de cuota de pantalla global sigue siendo una cifra estratosférica que duplica la audiencia habitual de cualquier cadena europea en esa franja horaria.
Sin embargo, de cara a la próxima edición de 2027 —que ya cuenta con un comité organizador en marcha por parte del gobierno de Bulgaria—, el principal reto de la organización no será técnico ni musical, sino diplomático: tender puentes para recuperar a las televisiones ausentes y devolver al festival la estabilidad que la geopolítica le ha arrebatado este año.